Jameson es el irish whiskey más vendido del mundo, y lo es por algo. Creado por John Jameson en Dublín en 1780 —la firma «John Jameson & Son» lleva 250 años en la etiqueta— y elaborado hoy en la destilería de Midleton (condado de Cork) dentro del grupo Pernod Ricard, debe su fama universal a una suavidad que lo hace perfecto tanto para iniciarse en el whisky como para disfrutarlo a diario.
Se elabora con una mezcla de whiskey de pot still —cebada malteada y sin maltear, la receta irlandesa clásica— y whiskey de grano. Se destila tres veces en alambiques de cobre —una más que la mayoría de los escoceses, y ahí está el secreto de su suavidad— y madura un mínimo de cuatro años en barricas de roble que antes contuvieron bourbon y jerez.
De color dorado brillante con reflejos cálidos. En nariz muestra una ligera fragancia floral salpicada de madera especiada y un toque de dulzor. En boca equilibra notas especiadas, nuez y vainilla con recuerdos de jerez dulce; la textura es sedosa y el final, delicado. Solo, con hielo, con ginger ale o en un Irish coffee de sobremesa: el irlandés de cabecera.




